Escritos propios
Él, imaginario
Su cabello corto estaba despeinado, como en forma de una ola oscura. Sus ojos cafés estaban bajo unas cejas pobladas y su nariz era recta. Tenía barba y bigote frondosos que enmarcaban unos labios carnosos casi rectos.
Medía 1,76 y su cuerpo mostraba signos de ejercicio. Vestía con tonos oscuros; jeans grises, remera negra, botas de montaña y una campera de cuero que se ajustaba a sus brazos y espalda, un casco de motocicleta prendía de su codo.
Andaba con pasos largos, al ritmo del tic-tac del reloj, sin embargo su rostro no mostraba expresión apresurada, más bien parecía relajado.
¿Un poema?
¿Por qué me dijiste mentiras?
Te pregunté y respondiste con ironía
Yo jamás te mentiría
Pensaste que no te descubriría
Estas lleno de picardía
Y esta es nuestra vida
Hasta el borde de mentira
Ficción
En una esquina dos chicos conversaban:
-Hoy no hay ningún auto.
-Seguiremos esperando, me voy a la vuelta a comprar cigarrillo.
Un par de minutos después un auto reluciente estacionó a unos metros, una chica abrió la puerta y unos tacos de punta salieron del coche. El chico caminó hacia ella con paso seguro, llevaba gafas oscuras que brillaron con la luz del poste. Él, dirigiéndose a ella dice:
-Te cuido el auto.
Ella contestó: -Cuánto es?.
-Para vos, ochenta.
La joven abrió su bolso y sacó algunos billetes, se los dio. Él se sacó las gafas y le guiño el ojo. Ella frunció el ceño y se fue despacio, sus tacos sonaron por la vereda.
Más tarde llegó otro auto, se detuvo y bajaron una mujer y un hombre. El de gafas oscuras se acerca de nuevo, la mujer, con voz suave le dice:
-Cuánto es?
La voz segura de vuelta: -Son $500.
El rostro de la chica se turbio, su voz cambió el tono.
-Qué? Con esa plata te haces el fin de semana.
-No sé, son $500.
-Te doy $100.
-No me sirve.
La joven se acerca mientras que su compañero de auto solo observa. De vuelta la voz femenina, está vez gritando:
-Vete al carajo! No te daré esa cantidad, vámonos.
El joven de las gafas oscuras le dice al acompañante:
-Tu novia está loca.
El acompañante hace un movimiento brusco. El chico de las gafas esperaba un puñetazo en su rostros, cerró los ojos.
Lo que sintió fue algo frío que se clavó rápidamente por debajo de sus costillas. No pudo abrir los ojos… cayó. Escuchó un gemido, después pasos que se alejaban corriendo. No sintió ni escuchó nada más.